miércoles, 26 de enero de 2011

Henry Tandey.

Henry Tandey (1891-1977) fue el soldado de tropa más condecorado del Ejército británico durante la I Guerra Mundial.
Tandey se alistó en 1910 en el Regimiento Green Howards y estuvo destinado en Guernsey y Sudáfrica hasta el comienzo de la guerra. Llegó con su unidad a tiempo para participar en la Primera Batalla de Ypres (1914). Fue herido durante la Batalla del Somme (1916) y después fue herido en una segunda ocasión en la Batalla de Passchendaele (1917). En julio de 1918 fue transferido al Regimiento Duque de Wellington.

barro en passchendaele

Passchendaele. Imagen: the canadian encyclopedia.



El 28 de agosto de 1918 su unidad estaba siendo inmovilizada por el fuego de los alemanes. Tandey se incorporó y junto a otros dos hombres atravesó la tierra de nadie y lanzó varias granadas sobre la trinchera alemana matando a varios soldados germanos de esta manera. La oposición alemana cesó, la trinchera fue capturada y Tandey regresó con unos veinte prisioneros alemanes. Por esta acción fue condecorado con la Medalla de Conducta Distinguida.

El 11 de septiembre de 1918 Tandey rescató a varios compañeros heridos y al día siguiente, 12 de septiembre, volvió a liderar un ataque con granadas que fue un nuevo éxito. Por esta acción sería condecorado con la prestigiosa Medalla Militar.

El 28 de septiembre de 1918 se encontraba luchando en los alrededores de Marcoing cuando su pelotón fue detenido por fuego de ametralladoras alemanas. Tandey se arrastró hasta que consiguió localizar la ametralladora enemiga y guió a un equipo que manejaba una Lewis para que acabaran con los teutones. Después consiguió reparar un puente que atravesaba el canal de St.Quentin permitiendo pasar a sus compañeros. Al anochecer, él y ocho de sus compañeros fueron rodeados por los alemanes. Tandey, quien se encontraba ya herido, lideró a sus camaradas en un ataque a la bayoneta calada que sorprendió a los alemanes e hizo que se rindieran 37 de ellos. Por estas acciones fue más tarde condecorado con la Cruz Victoria, la más alta distinción posible en el Ejército británico. Aquel día también tuvo en su punto de mira a un soldado alemán que retrocedía herido. Le dio pena. Según su propio testimonio tenía como regla autoimpuesta no disparar sobre enemigos heridos o prisioneros. No disparó y olvidó el lance durante muchos años.

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Henry Tandey luciendo, de izquierda a derecha: la Cruz Victoria, Medalla de Conducta Distinguida, Medalla Militar, Estrella de 1914, Medalla Británica de Guerra y Medalla de la Victoria. Imagen: Wikipedia.

En 1938 recibiría una llamada telefónica en su domicilio procedente del entonces primer ministro británico Neville Chamberlain.

En 1940 adquiriría cierta celebridad ante la opinión pública británica por acontecimientos que habían sucedido hacía más de veinte años. También manifestó su interés en alistarse para acabar un trabajo que no había completado durante la Gran Guerra.

miércoles, 19 de enero de 2011

Anthelme Mangin.

Cuando en 1918 termina la I Guerra Mundial el ejército francés contabiliza entre 200.000 y 300.000 desaparecidos. Es duro de aceptar, especialmente en aquel momento, pero la inmensa mayoría están muertos, pulverizados por los obuses alemanes o enterrados bajo sucesivas capas de tierra removidas por el fragor de los bombardeos. Técnicamente, sin embargo, existe esperanza de encontrar vivos a muchos. Puede tratarse de desertores o prisioneros; puede tratarse también de hombres que no hayan dejado su vida, su cuerpo físico en el campo de batalla sino su vida anterior: pueden ser amnésicos. Anthelme Mangin es uno de esos hombres transtornados irreversiblemente por las calamidades del frente occidental y cuya historia real se va a transformar en símbolo del drama de toda una sociedad -la francesa- que fue la que pagó un precio más alto -proporcionalmente- es esta guerra.

A principios de 1918 los alemanes repatrían a Francia un cargamento de prisioneros que consideran no recuperables para el combate. Del convoy sale, entre otros muchos, un hombre alto sin chapa identificativa y sin detalles que puedan dar cuenta de su unidad. No es capaz de dar razón de sí mismo y a las preguntas insistentes de los gendarmes sólo puede balbucear algo parecido a Mangin.

mangin rodez

El soldado sin memoria de Rodez según imagen de La Depeche.

Diagnosticado con amnesia y demencia precoz recorre varias residencias hasta que queda instalado en la de Rodez. En 1920 aún se cuentan seis soldados amnésicos que todavía no han sido identificados por sus familias. Sus fotos son publicadas en toda las prensa de Francia. En 1922 sólo queda Mangin y su foto vuelve a ser publicada en la prensa francesa. En esta ocasión produce una conmoción. Ahora sí, es la última oportunidad para cientos de franceses de recuperar al familiar perdido. Y no sólo franceses. Llegarán reclamaciones de Escocia y Canadá. Los admnistradores de la residencia de Rodez tendrán auténticos problemas para gestionar la avalancha de solicitudes, visitas y requerimientos que se les viene encima. El director del centro, el señor Feynarou, habrá de hacer gala de un extraordinario coraje para valorar con ecuanimidad las pruebas presentadas por los peticionarios y no dejarse conmover por las lágrimas ni intimidar por las amenazas. Valga el ejemplo de la familia de Victor Brillé, caído en el frente en diciembre de 1915, la cual acusaba al centro de haber manipulado su apariencia física.

Hasta 19 familias llevaron a los tribunales sus reivindicaciones sobre el pobre Mangin, quien atendía con la misma amabilidad indiferente todas las visitas. La batallas judiciales se suceden y llegamos a los difíciles años 30. Sólo dos familias perseveran. De una parte, Lucie Lemay, convencida de que está ante su perdido marido Marcel. De otra parte, el señor Pierre Manjoin, quien reclamaba tener ante él a su hijo Octave, un sencillo camarero en la vida civil.

Los juzgados de Rodez darán la razón a Pierre Manjoin en 1937. Dictaminaban que se trataba de Octave Manjoin, herido y hecho prisionero en 1914. El Tribunal de Apelación de Montpellier volvía a dar la razón a Manjoin en 1939 pero para entonces Pierre Manjoin ya había fallecido. Con él se iba el último famliar directo de Octave.

Anthelme Mangin/Octave Manjoin murió de malnutrición en el asilo de Rodez en 1942. Según Jean-Yves Le Naour, los alemanes estaban aplicando un programa encubierto de eutanasia a los enfermos mentales: no les daban de comer.

Para saber la historia mejor y más completa acúdase al libro de Le Naour:

mangin francés
Imagen: atoutlivre.com

Está traducido al inglés:

mangin inglés

Imagen: macmillan.com

He utilizado para confeccionar este post la entrada de la edición francesa de la Wikipedia para Anthelme Mangin, The Living Unknown Soldier by Jean-Yves Le Naour, L'énigme de l'amnésique de Rodez, Le Poilu sans nom y The Living Unknown Soldier by Jean-Yves Le Naour, trans Penny Allen.

martes, 11 de enero de 2011

Hombres contra la guerra: Uomini contro, 1970.

La novela escrita por Emilio Lussu en la que narraba sus experiencias en el frente, Un año en el altiplano, tuvo una secuela cinematográfica estrenada en 1970: Uomini contro, una producción cuyo título, parece ser, fue traducido al castellano como Hombres contra la guerra.

Los personajes principales están extraídos de la novela aunque el trasunto narrativo de Lussu será bautizado en la película como teniente Sassu -extravagancia que se me ocurre mientras escribo. Ni Lussu ni Sassoon: Sassu.- Explorando por youtube se puede acceder a algunas de las escenas más memorables y/o espantosas de la película, eso sí, en el italiano original.
Han pasado unos años desde su producción y las muertes en el cine no son iguales. Aquí cuando los soldados son ametrallados todavía caen despacio, como si un ente se apoderara de sus almas a lo Final fantasy o como si tuvieran miedo de lastimarse al caer al suelo. Sin embargo, ciertas escenas aún conservan una fuerza desgarradora.


En esta película hay de todo. En esta escena vemos un ataque de la caballería austríaca que encuentra en su carga a las ametralladoras italianas:



En esta escena el teniente Ottolenghi propone al teniente Sassu cargarse a todos los oficiales superiores. Sassu manifiesta su escepticismo.



Ataque nocturno bajo el sonido de las trompetas que animan a la tropa atacante y asustan a los austríacos. Bien, bueno, de acuerdo, tal vez ese efecto no se lograra plenamente. Sin embargo, fijaros en la luz al final que parece llamarles. Gran acierto dramático y estético.



En esta escena Sassu va al hospital a visitar a un compañero gravemente herido, desahuciado de hecho. Si sigue al libro se trata entonces del teniente Avellini. Paralelamente a la imagen de Sassu entre conmovido e indignado se escucha un inspirado discurso que apela al espíritu del Dulce et decorum est horaciano.



Esta escena de la película es sobrecogedora y, cuarenta años después, no ha perdido su fuerza original. La decimación era un tipo especialmente injusto de castigo por el que se ejecutaba a uno de cada diez soldados que habían participado, por ejemplo, en un ataque frustrado. Si bien los alemanes adquirieron una oscura reputación por la dureza y rigidez de la disciplina prusiana no tengo constancia de que utilizaran estos castigos. De hecho, durante la Gran Guerra fue -de las mayores potencias y si no me equivoco- la que menos soldados propios ejecutó. Sin embargo, son los italianos, con esa falta de seriedad y con esa alegría por la vida estereotipadamente mediterránea, quienes se destacaron con estas prácticas salvajes. Ejemplos similares también están registrados en el ejército francés.
El diálogo que precede a la decimación sí aparece en la novela de Lussu, pero esa conversación no continúa de la misma manera en la novela. El mayor Melchiorri, recién llegado de África, sostiene que para vencer al enemigo se debe ejercer una disciplina como aquella a la que son sometidas las tropas coloniales. Su interlocutor le responde que eso no es posible porque el ejército italiano está formado por ciudadanos. Melchiorri, naturalmente, desprecia tal hecho. Al ejército italiano de ciudadanos se le aplica la decimación. Sí, cuesta de creer.



Esta escena es particularmente célebre. El general Leone envía a sus hombres ridículamente protegidos por yelmos y corazas como si fueran caballeros medievales y son fácilmente abatidos por los soldados austríacos.
El caso es que está basado en hechos reales, es decir, las corazas farina -juraría que Leone dice "corazze Fasina" o algo así- sí que se utilizaban. Se enviaban a escuadras de zapadores con la misión de hacer huecos en las alambradas enemigas por donde pudiera pasar la oleada de atacantes propia. No utilizaban yelmos como en la película. Lussu explica en su novela que estos hombres avanzaban con la cabeza agachada porque su cara no estaba protegida. Si queréis más información sobre las corazas farina aquí y aquí.

En cuanto al ataque que se produce a continuación Mark Thompson destaca, en su obra The White War, que hay documentadas al menos unas seis ocasiones en las que, efectivamente, los austríacos dejaron de disparar sobre los italianos y cree ver en ello un factor diferencial de este frente. De que los italianos dejaran de disparar sobre los austríacos en una situación inversa no dice nada.




Esta escena adquiere tensión añadida si se conoce el contexto. La tronera número 14 está bajo el fuego preciso de un tirador austríaco. A pesar de lo pequeño de la ranura por la que los italianos pueden observar, cada vez que se destapa y alguien intenta mirar el soldado austríaco coloca certeramente una bala.



Esta escena muestra, una vez más, la despiadada estupidez de los mandos italianos. Además, esta escena en particular creo que se entiende bastante bien.




Esta escena es bastante fiel a lo contado en la novela. Con el ruido yo no entiendo bien lo que dicen y no estoy seguro de si lo explican. Bueno, según relata Lussu, el bombardeo es, encima, fuego amigo. El refugio en el que se meten los soldados parece muy vulnerable y deciden salir fuera porque tienen la percepción de que estarán más seguros fuera que en esa ratonera. El mayor Melchiorri se lo toma como una insubordinación frente al enemigo y decide ejecutar una decimación.



Yo no sé vosotros, pero, para mí, vaya descubrimiento de película...

lunes, 3 de enero de 2011

Emilio Lussu.

Emilio Lussu (1890-1975) nació en el seno de una familia acomodada de Cerdeña. Se licenció en Derecho en 1914 pero en la Universidad aún tuvo tiempo de mostrarse como partidario de la intervención militar contra Alemania y Austria. Parece que su furor guerrero se fue entibiando conforme su experiencia en el frente le iba horrorizando. Lussu combatió encuadrado en la Brigada Sassari, una unidad formada principalmente por sardos, haciéndolo en calidad de oficial. La Brigada Sassari fue especialmente castigada por la dureza de esta guerra y sus índices de bajas son superiores a los de la media del ejército italiano. Unos veinte años después Lussu relataría parte de su experiencia en las trincheras en la novela Un año en el altiplano.

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Lussu con la Brigada Sassari al fondo. Posiblemente un fotomontaje. Imagen: centaurochirone

La vida de Lussu tras la guerra no perdió demasiado en acción. A su pesar, la suya fue una vida plena de emociones violentas. Para 1921 figura entre los fundadores del Partido Sardo de Acción, de ideología nacionalista. Resulta extraño que un hombre con su currículum de luchador antifascista aparezca en las negociaciones que este Partido Sardo de Acción abriera con el Partido Fascista. Los historiadores no han sido capaces de aclarar las condiciones en que se dieron estas conversaciones. Fuera como fuese, Lussu abandonó estos contactos y la unión del Partido Sardo de Acción con los fascistas se produjo finalmente pero no con su apoyo.
Lussu conseguiría acta de parlamentario pero dejaría su puesto en el hemiciclo al estar entre los que abandonarían la Asamblea en protesta por el secuestro y muerte de Giacomo Mateotti. Su conocida postura antifascista le haría ser víctima de varias agresiones físicas. En una ocasión tuvo que hacer frente a cien activistas armados que pretendían entrar en su casa en Cagliari. Lussu disparó y mató a un hombre en tal ocasión. Por este hecho fue procesado y aunque se pudo demostrar que había actuado en defensa propia fue condenado a sufrir exilio en la isla de Lipari.

Emilio Lussu
Imagen: bellasardegna.it

De este confinamiento se las arregló para escaparse y llegar a París. Unos años después lo encontraremos en España luchando por la legitimidad de la República. Por aquel entonces su salud ya estaba bastante quebrantada y no estará mucho tiempo en los frentes de España. Entre 1936 y 1937 descansa en un sanatorio suizo donde escribe su novela Un año en el altiplano.
No regresará a Italia hasta el armisticio de 1943. Aún tendrá tiempo para participar en la Resistencia y desde 1945 será ministro en dos gobiernos de Italia.

Emilio Lussu
Imagen: Wikipedia

Si alguien pasa unos días en Cerdeña, tal vez pueda llegarse hasta Armungia, la localidad natal de Lussu, y pasar un rato en el museo Lussu.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Un año en el altiplano, Emilio Lussu.

Realidad y ficción.
Juzgamos las obras que consumimos en virtud de lo que esperamos de ellas. Si leemos novelas podemos perdonar que se sacrifique el rigor histórico a cambio de una intriga que nos atrape; si leemos historia podemos perdonar que el texto sea en ocasiones más farragoso pero no nos gustará que se invente datos o que no se contrasten los que nos dé. Ambos mundos se mezclan las más de las veces. Por eso muchos autores cuando tratan de reflejar períodos de sus vidas utilizan la novela, en cuyas convenciones es lícito la utilización de la ficción. Muchos autores, también, acuden a crear otros personajes que reflejan, en gran medida, su propia peripecia vital, pero no de forma total. Así, se defienden estos autores, estos personajes son en realidad autónomos.
Curiosamente, ahora mismo no recuerdo que en ningún momento ninguno de los personajes se dirija al protagonista -al autor, Emilio Lussu- ni como Emilio ni como teniente Lussu ni de ninguna manera. Más curiosamente, se reproduce un diálogo a varias bandas a la manera de la reproducción literaria del diálogo teatral, es decir, encabezado cada parlamento por el nombre de quien lo realiza. Uno de los que se destaca en tal discusión es el Comandante de la 10ª Compañía, y no es ningún secreto para el lector que el oficial al mando de la 10ª Compañía era el propio autor.
Tómese, por lo tanto, la lectura de esta obra con todas las prevenciones que se quiera. Desconfío tanto de quienes pretenden presentar sólo ficción como de quienes quieren presentar sólo la verdad. Ahora bien, como aceptemos lo expuesto por el autor al prologar su libro -es decir, la veracidad de lo relatado- revelará entonces esta obra más sobre la verdadera naturaleza de lo que fue el frente italiano que la lectura de decenas de monografías y manuales. Lo que cuenta es escalofriante, angustioso, injusto. Es un varapalo al estamento militar sólo comparable a las denuncias antimilitaristas de Senderos de gloria o El miedo.

Emilio Lussu

Emilio Lussu. Sí, yo también pienso que tiene pinta de estirado. Imagen: Wikipedia

Argumento general.
Esta novela relata, según explica el propio autor, los hechos que le tocaron vivir durante el año que combatió en el frente del altiplano del Asiago, en el período comprendido entre junio de 1916 y julio de 1917. Lussu escribirá sobre la vida cotidiana en el frente: las patrullas, los ataques, los soldados y oficiales con los que convivió. El resultado es vívido e inolvidable.

El alcoholismo.
La presencia del alcohol era una constante en todos los ejércitos. Servido de manera sistemática por los mandos a sus soldados quitaba el frío, quitaba el miedo, entontecía y, finalmente, producía alcohólicos; pero de esto no se habla mucho en la Historia al uso. Aquí es protagonista. Todos los personajes que aparecen en esta novela beben mucho, pero la mayoría se han alcoholizado completamente como único recurso para seguir haciendo la guerra. Uno de los capítulos más angustiosos de la novela se produce porque un comandante de batallón estaba completamente borracho. La expresión "ebrio de miedo" adquiere aquí un sentido especial íntimamente ligado a la ingesta de coñac. Sólo uno de los personajes no bebe nunca y es tomado a mofa por ello en alguna ocasión: el propio protagonista y autor.

Los generales.
El papel con el que se nos presenta a los generales puede ser más o menos conocido: falta de empatía con la tropa, falta de sentido de la realidad; más aún, incompetencia profesional, deseo de medro a costa del sacrificio de la tropa, etcétera. Famosa es la leyenda que cuenta que un general británico se derrumbaba llorando cuando visitaba el frente después de Passchendaele mientras sollozaba: "¿De verdad hemos mandado a nuestros muchachos a esto?"- refiriéndose al inmundo lodazal que le rodeaba. Los generales mostrados por Lussu van un paso más allá: al de la locura homicida. Saben lo que hay y mandan a sus soldados a una muerte cierta e inútil.

Giacinto Ferrero

El general Giacinto Ferrero inspira, según la Wikipedia, al personaje del general Leone. Imagen: www.14-18.it

Los motines.
Uno de los momentos más angustiosos de la novela es cuando se produce un motín entre la tropa. Los motivos de la tropa son comprensibles y sabemos que el resultado final sólo puede ser acabar tras el paredón. Sin embargo, se pasa mal también por los oficiales de las compañías, que sufren también la manía criminal de sus mandos pero son responsables directos de las compañías amotinadas.

Las decimaciones.
Se dice que era costumbre en las legiones romanas que, cuando un ataque salía mal o se consideraba que la tropa no había combatido con suficiente ardor, se ejecutara a uno de cada diez soldados. Se dice que esta costumbre también se practicaba en el ejército italiano de la Gran Guerra. Asistiremos con Lussu a uno de estos espectáculos subhumanos que se resolverá de forma caótica y entre reacciones humanas difíciles de comprender.

La artillería italiana.
Brilla por su ausencia. Menos mal. Sus apariciones se hacen notar en forma de fuego amigo.

Al estilo Jünger.
Lussu nos recuerda por momentos a Jünger. No por una cuestión estilística, sino por algunos elementos que recuerdan unas experiencias en el frente similares. De estas, no se parecen tanto por la presencia de su asistente -que le correspondía por su categoría de oficial- sino por sus lecturas en las trincheras. Sin embargo, hay un momento que parece calcado a Tempestades de acero. Lussu se adelante unos metros por la tierra de nadie y encuentra un lugar idóneo para encañonar y disparar a los austríacos. Con todo, Lussu no es Jünger.

El humor.
Leyendo reseñas sobre la obra se habla del humor que recorre la obra. No digo que no exista pero yo no lo encontré. Estaba demasiado indignado leyendo.

Un año en el altiplano

Portada de Un año en el altiplano. Un prejuicio: el color de la portada no me animaba a su lectura pero el libro es magnífico. Imagen: Editorial Libros del Asteroide.

La violencia de abajo hacia arriba.
No existen claros episodios de insubordinación excepto el del motín porque las consecuencias eran graves y bastante inmediatas. Sin embargo, uno de los personajes encarnará la rebeldía contra los mandos y verá claramente donde se encontraba el enemigo. Su postura podría mover por momentos a la sonrisa, por lo impracticable de sus deseos, pero es el destino el que impide que pueda llegar más lejos en sus iniciativas.

La actitud de Lussu.
Leyendo los comentarios a la obra se suele destacar la evolución del protagonista. Si hacemos caso al testimonio del Comandante de la 10ª Compañía, siendo estudiante de Derecho estaba a favor de la intervención militar italiana con el fin de detener al militarismo teutón. Después habría comprendido el horror de la guerra pero, atención, no nos vayamos a pensar que Lussu es un nuevo Sassoon en potencia. El rechazo a la guerra estaba extendido entre los combatientes pero más extendido estaba el rechazo a la derrota.

Conclusión.
Excelente novela, altamente recomendable, no sólo para el aficionado al universo de la Gran Guerra sino al aficionado a la literatura bélica en general. El lector de novelas común también encontrará aquí una obra ágil y envolvente. A pesar de que la obra carece de casquería y vísceras -sin duda el autor se lo ha preferido guardar- no es apta para estómagos delicados. Los horrores de la guerra no se presentan aquí en su faceta más física sino en otra mucho más sutil.

sábado, 18 de diciembre de 2010

Frederic Manning.

Frederic Manning (1882-1935) nació en Australia. Desde pequeño tuvo una salud bastante precaria y siendo adolescente entró dentro de la órbita de influencia del estudioso Arthur Galton. La relación maestro-discípulo era lo suficientemente estrecha y sólida para que este se llevara a Manning a Gran Bretaña cuando Frederic contaba sólo 16 años. En Gran Bretaña y bajo la protección de Galton Manning llevó una vida consagrada a la lectura, el estudio y la escritura. En los años anteriores al estallido de la I Guerra Mundial Manning publicó algunas obras y consiguió cierta reputación en los ambientes más cultos. Se esperaba de él que confirmase las expectativas publicando una gran novela pero no fue capaz de concluir tal tarea.

Cuando estalla la guerra Manning se apresura a presentarse voluntario, pero su pobre salud y su poco recomendable estilo de vida hacen que no se le considere apto en un primer momento. Finalmente, tras varios intentos y necesitadas las autoridades militares británicas de carne fresca para la picadora del frente, es aceptado y entra en el King's Shropshire Light Infantry, con el número de serie 19022. Hizo los cursillos para oficial pero fue rechazado. Participó en la batalla del Somme como soldado. En 1917 fue destinado a Irlanda encuadrado en el Royal Irish Regiment con el grado de alférez. Sus problemas con el alcohol, que ya en una ocasión le habían impedido alcanzar el grado de oficial, le volvieron a meter en líos y acabó siendo declarado no apto para el servicio. Más adelante Manning intentaría reincorporarse al ejército sin éxito, por lo que acabó la guerra como civil.

Tras su paso por el ejército continúa escribiendo pero la muerte de Galton en 1921 supondrá un duro golpe para él, no sólo por el importante referente que pierde en su vida sino porque era un sostén económico fundamental para Manning. Consigue el encargo de biografiar a William White, considerado el arquitecto de la modernización de la Royal Navy. En otra ocasión se le sugiere que escriba sobre su experiencia en la guerra. Manning escribe rápidamente, sin demorarse en correcciones. El resultado es The Middle Parts of Fortune. Se hace una tirada de sólo 500 ejemplares firmados por el Soldado 19022. Esta edición de 1929 tiene ahora un enorme valor entre coleccionistas.

The Middle Parts of Fortune

Imagen: firstworldwar.com


Sin embargo, parece ser que el texto era demasiado contundente para el público británico de la época, así que al año siguiente aparece una edición revisada y suavizada bajo el título de Her Privates We. Cada capítulo comienza con una cita shakesperiana y la que da título a la obra está extraída de Hamlet. La obra fue muy bien recibida y fue públicamente alabada por personajes como Hemingway, T. E. Lawrence, Ezra Pound o Arnold Bennett.

her privates we

Imagen: librarything

Su mala salud le hizo volver a Australia en 1932. A pesar de todo, volvió a Gran Bretaña en 1934 con efectos muy perjudiciales para su salud y moriría al año siguiente.

Para saber más: awm.gov.au

domingo, 12 de diciembre de 2010

Laurence Stallings.

La primera gran producción cinematográfica que trató el tema de la I Guerra Mundial fue El gran desfile, dirigada por King Vidor en 1925. Si no la habéis visto no es que quiera fastidiaros el final, pero un vistazo al cartel promocional os dará una idea del destino del protagonista.

el gran desfile

Imagen: Wikipedia

Esta película está basada en la novela Plumes, un gran éxito de ventas con nueve reimpresiones el primer año. Esta obra, publicada en 1924, era el testimonio autobiográfico de un oficial de los Marines que había servido en Francia durante la Gran Guerra. El teniente Laurence Stallings (1894-1968) llegó a Francia en 1917. Cuando la batalla de Château-Thierry daba sus últimos coletazos asaltó un nido de ametralladoras alemán. Una bala le hirió en la rodilla aunque consiguió lanzar su granada y culminar su misión. Fue condecorado y ascendido a capitán.

Lawrence Stallings

Laurence Stallings del USMC. Imagen: rootsweb.ancestry.com


En 1922 un resbalón provocó un agravamiento del estado de su pierna herida en la guerra, lo que obligó a los médicos a cortársela. Durante la convalecencia de esta amputación fue cuando empezó a escribir su novela. El destino del protagonista de la película El gran desfile tiene, por lo tanto, un origen autobiográfico.

Se da la triste circunstancia, además, de que unos años después le cortarían la pierna que le quedaba.

Sin embargo, no fue esta la primera ni la última incursión que haría Stallings en el universo ficcional de la Gran Guerra. El mismo año en que publicaba Plumes estrenaba la obra What price glory, escrita en colaboración con Maxwell Anderson. La obra fue favorablemente acogida por la crítica y aguantaría en escena la exitosa cantidad de 433 representaciones. Posteriormente, se realizarían hasta dos adaptaciones cinematográficas de esta obra. La primera versión fue casi inmediata, en 1926, dirigida por Raoul Walsh y con Victor McLaglen en el reparto. La segunda versión data de 1952, protagonizada por James Cagney y con John Ford detrás de las cámaras.


el precio de la gloria

Cartel de El precio de la gloria, de John Ford. Imagen: imbd

No es casualidad que John Ford se encargara de esta segunda versión. Stallings tuvo una larga carrera como guionista en el Hollywood de su época dorada y es él quien firma los argumentos de películas de Ford como Tres padrinos, La legión invencible o El sol siempre brilla en Kentucky.
Entre otras películas también participó adaptando la novela de Rudyard Kipling El libro de la selva para la adaptación cinematográfia de 1942 y participó en el guión de Tres lanceros bengalíes aunque no salga en los títulos de crédito.

En 1930 Stallings se encargaría de escribir la adaptación teatral de Adiós a las armas.

En el campo de la no ficción publicó el libro The First World War: A Photographic History. Muchos años después, el último libro que publicó fue una historia del cuerpo expedicionario estadounidense: The Doughboys: The Story of the AEF, 1917-1918.

En cuanto a su amigo Maxwell Anderson diremos que no fue a Europa a combatir. Al contrario, fue despedido de su empleo en el Whittier College por apoyar públicamente a un estudiante que pretendía hacerse objetor de conciencia. Además de la co-creación para las tablas de What price glory, se encargó del guión de la aclamada adaptación cinematográfica de Sin novedad en el frente, película en cuya producción se siguió el camino abierto por El gran desfile.

maxwell anderson

Maxwell Anderson. Imagen: Wikipedia.

No hace falta aclarar que no es lo mismo El gran desfile que El final del desfile.