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lunes, 21 de abril de 2014

C. S. Lewis, material para una película.

C. S. Lewis es la forma en que comúnmente se menciona a Clive Staple Lewis, profesor de Oxford, autor de las famosas Crónicas de Narnia, de las cuales se han vendido, según fuentes, unos cien millones de copias. Personalmente las Crónicas de Narnia, a las cuales sólo conozco por sus recientes producciones cinematográficas, me parecen una especie de Señor de los anillos pero mucho más infantil. Y no tiene que ser casualidad necesariamente. En Oxford, uno de sus mejores amigos y compañero de tertulia era Tolkien. Además de compartir interés por las literaturas más antiguas y por las fantasías épicas compartían otra cosa: eran veteranos de la Gran Guerra.

En el año 1.916 Lewis enfrentaba sus exámenes en Oxford con la certeza de que, cualquiera que fuese el resultado, de estar pocos meses después en Francia corriendo detrás (o por delante) de los obuses alemanes no se libraba. La mala noticia (o buena) era que tenía incentivos para aprobar. Fuera de estudiar lenguas muertas tenía comprobado que no tenía ningún otro punto fuerte, mucho menos alguna habilidad que fuera capaz de monetarizar en una vida productiva para la sociedad. La buena noticia (o mala) era que la estadística no estaba de su parte y que considerando su posible futuro como jóven oficial en las trincheras europeas, las preocupaciones que pudiera tener por la posguerra se antojaban bastante inútiles y ridículas.

Así que después de pasar los exámenes se fue al centro de formación de oficiales. Ahí hizo grandes amigos. Ya se sabe. Los grandes amigos se hacen en la facul y en la mili. Fuera de la facul y la mili ya no es lo mismo. Porque en estos ambientes los amigos trascienden, y en esos momentos de inquietud trascendental (pero, ¿qué hago yo aquí?, ¿para qué?, ¿estoy perdiendo el tiempo?, ¿no estaré haciendo el imbécil?) los amigos dan sentido. “Sólo por conocer a estos amigos merece la pena todo este esfuerzo, estas incertidumbres y estas penurias”. Luego, con el tiempo, te das cuenta de que no es verdad, que lo único que merece la pena, porque es incondicional, es tu madre y, a veces, ni eso. Pero, en fin, en su momento los amigos son fantásticos y cumplen su papel y emborracharse con ellos es menos aburrido.

The old set.

Total, que tenemos a una pandilla de chavalotes pendientes de cumplir los veinte en un año o dos. Pasemos revista. Además de Lewis, el irlandés, tenemos a Martin Sommerville, alumno de Eton; el chistoso del grupo es Alexander Sutton, alumno que fue de la Repton School al igual que el joven Denis de Pass; Thomas Davy era alumno de Charterhouse y, finalmente, Edward Moore, que había sido estudiante en el Clifton College de Bristol.

El chico del bigote debe de ser Edward (Paddy) Moore. El de la pipa es Lewis, que de joven todavía tenía un pase. Imagen: onegreatwar.tumblr

De todos ellos, Lewis se llevaba mejor con Sommerville, pero con quien hizo las mejores migas fue con el joven Moore. Así, cuando consiguieron sus diplomas de oficiales y les dieron un mes de permiso, en septiembre de 1.917, Lewis escogió pasar tres semanas en Bristol, en casa de Moore, donde conoció a su madre Jane. Tuvo que ser por esa época que Moore y Lewis hicieron un solemne pacto: si alguno de los dos caía, el otro se encargaría de cuidar de la familia del otro.

Todos ellos acabaron partiendo para Francia y fueron desperdigados por las distintas unidades que sostenían el frente. Antes de embarcarse Lewis tuvo la oportunidad de conocer a otro interesante y joven culto de 20 años, el teniente Laurence Johnson, con el cual coincidiría en el mismo batallón del Somerset Light Infantry, aunque en diferentes compañías. Así que las discusiones intelectuales y filosóficas que comenzaron en Inglaterra, las pudieron continuar en Francia cuando no caían demasiadas bombas. Una vez en Francia su padre le recomendaba una y otra vez que pidiera un traslado a algo que fuera menos peligroso, por ejemplo, a artillería, pero Lewis se resistía. La verdad es que se encontraba a gusto con los Somerset y, si algo no funciona rematadamente mal, no lo cambies. Además, resultaba que el capitán de su compañía había sido uno de sus maestros favoritos. El capitán Percy Harris, muy querido y altamente valorado por los hombres bajo su mando, le recalcó a Lewis, eso sí, la primera vez que se vieron, que omitiera su pasado académico, no fuera a ser que le perdieran el respeto.

Bueno, no todo iba a ser compartir el tiempo con lo más selecto de Oxbridge. Lewis también fraternizó con la plebe. Así llegamos a conocer al sargento Harry Ayres, un veterano de Somerset de 32 años. Lewis era un joven inexperto pero lo mínimamente avispado para darse cuenta de que no se enteraba, así que había fundado con Ayres la bastante extendida sociedad donde el sargento tomaba las decisiones y el oficial bisoño daba las órdenes. Y la asociación funcionaba bastante bien.

Desde el invierno de 1.917 Lewis estaba en el frente, y el mayor enemigo era el frío y la humedad. De todos modos, quienes le hicieron causar baja a finales de enero fueron los parásitos que provocaban la conocida como fiebre de trinchera. No importa mucho, Lewis no se iba a librar tan fácilmente de lo que se preparaba y ya estaba recuperado para estar en activo durante la ofensiva alemana de la primavera de 1.918. Los primeros días del ataque alemán Lewis estuvo relativamente tranquilo pero a partir del 9 de abril su sector del frente empezó a recibir el grueso del ataque alemán. El batallón de Lewis se fue desplazando y acabó posicionado al Sur del canal de La Basée. Al Norte, al otro lado del canal,en el pueblo de Riez du Vinage, los alemanes se habían hecho fuertes. El mando británico decidió que la mejor manera de proteger el canal era establecer una cabeza de puente al otro lado, precisamente en el pueblo de Riez du Vinage y precisamente el batallón de Lewis.

La operación se desarrolló de forma bastante estandarizada. Cortina de fuego seguida a cincuenta metros por la tropa atacante. La cortina de fuego va demasiado deprisa o la tropa demasiado despacio, que tampoco es cosa de acelerarse y que te machaque tu propia artillería, y cuando te quieres dar cuenta un par de ametralladoras que te cogen de flanco y adiós muy buenas. Pero no todo iba a ser desgracias, que además las repartían para todos. El teniente Lewis se cubrió de gloria capturando a sesenta prisioneros alemanes. La verdad es que Lewis se creyó muerto cuando vio a ese grupo de alemanes a su lado y que no se desmayó porque se dio cuenta, justo a tiempo, que iban con las manos en alto y con ganas de acabar con la maldita guerra de una vez. El día hubiera sido, en el plano personal, redondo para Lewis sino fuera porque su amigo Laurence Johnson, que participaba en el ataque, había sido gravemente herido y evacuado a retaguardia.

El día 15 continuarían los combates y en las últimas horas del día 15 dos pelotones de la compañía ligera de la que formaba parte Lewis se vieron envueltos, según parece, en un ataque junto con miembros del Regimiento Duque de Wellington. El ataque se dio por terminado por la comparecencia de la artillería alemana que se llevó por delante, según estimaciones, al cincuenta por ciento de la tropa atacante. Que se lo pregunten a Lewis. Un bombazo le llenó de metralla el cuerpo. La misma bomba acababa con la vida del sargento Ayres. El mismo día moría en el hospital, como consecuencia de las heridas recibidas el día anterior, el teniente Laurence Johnson. Los dos días de lucha habían costado 210 bajas al batallón.

Lewis no volvería al frente. Estuvo hospitalizado hasta junio y fue finalmente desmovilizado en diciembre. Como consecuencia de sus heridas del 15 de abril de 1.918, no pudo levantar el brazo izquierdo por encima de su cabeza nunca más, lo cual, visto lo visto, le importaba un pimiento. A veces sentía que se le detenía la respiración, lo que, dicen, es típica secuela de haber sido herido en el pecho. Después, lo habitual, dolores de cabeza y, claro está, las pesadillas.

Llegaba el momento de pasar página y reencontrarse con sus amigos. Hmmm. Un momento. Veamos:

Alexander Sutton: K.I.A. en enero de 1.918.

Thomas Davy, K.I.A., muerto de sus heridas a finales de marzo de 1.918.

Martin Sommerville: K.I.A. en Palestina, en septiembre de 1.918.

¿Y qué pasaba de su gran amigo, Edward Moore, con el que había sellado aquel pacto de cuidar a la familia del otro?

Pues que a Lewis le cayó el encargo. El teniente Edward Moore (lo siento, K.I.A. también) cayó el 24 de marzo de 1.918. Según el testimonio del fusilero John Howe, Moore formaba parte de un avance por una carretera que fue cogido por fuego de ametralladora. Moore fue herido en la pierna. Howe se le acercó y le empezó a vendar la herida. Durante el auxilio Moore fue alcanzado una vez más, esta vez en la cabeza. El enemigo estaba muy cerca, recuerda Howe, y era inútil arrastrar el cuerpo muerto. Su cuerpo ya nunca sería recuperado.

De la pandilla de chavalotes del verano de 1.917 sólo de Pass (que había sido dado por desaparecido aunque, afortunadamente para él, sólo había sido cogido prisionero por los alemanes) y Lewis vieron el final de la guerra. El cálculo de probabilidades decía que de los estudiantes de Oxford que se habían alistado el 25 % morirían en el frente. El grupo de Lewis pulverizaba la estadística.

¿Tenemos material para una película? ¿Todavía no?

Los inklings.

Unos años después nos encontramos en Oxford, donde unos señores estirados y aburridos, para más señas ingleses, se reúnen en el The Eagle and Child para ponerse (porque si no, ya me dirás a qué van a ir al pub) ciegos a base de pintas de cerveza. Como son muy estirados y muy aburridos la peregrina excusa que ponen es que se reúnen para leer, en voz alta, obras que tienen a medio escribir y que todavía no han acabado. Como son unos señores muy estirados y muy aburridos (¿lo había dicho ya?) y no tienen vida social el tema de la imaginación lo tienen en plan desbordante. Tolkien leía (o podía leer) El señor de los anillos, Lewis leía (o podía leer) Las crónicas, y si no ya les leería otra cosa, no os preocupéis. No os creáis que este grupillo de profesores de Oxford se reduce a Tolkien y a Lewis. Tenemos a Charles Williams. No he visto que participara en la guerra del 14, parece que se escaqueó. Debía de ser el listillo del grupo. Pues Williams también le daba a la fantasía, aunque sus ficciones tenían lugar en la actualidad y no en mundos imaginarios como los de Tolkien o Lewis.

Los Inklings. Unos señores (no tan) aburridos. Imagen: donilam.

De las muchas vidas que quisiera haber vivido y no viviré en una me veo con los Inklings, trajinándome pintas de cerveza como si tuviera un hígado prometéico, de esos que crecen por la noche. Los inklings es uno de esos grupos que dan lustre a las letras inglesas, como el círculo de Bloomsbury. Bueno, bien pensado, la comparación no es muy benevolente. A los inklings les faltaba, para parecerse a Bloomsbury, famosos, ricos y sexo, sobre todo mucho sexo. Para terminar de adobarlo, a los inklings les daba por las discusiones teológicas y a Lewis le dieron tanto la vara que acabó convirtiéndose al catolicismo.

¿Con las discusiones y lecturas de estos señores tenemos para una película aunque sea aburrida?

¿Y si añadimos las peripecias de Tolkien?

Tolkien y la TCBS.

La verdad es que estoy buscando una excusa para hablar de Tolkien. Encuentro que su peripecia en la Gran Guerra tiene bastantes paralelismos con la de Lewis.

Si Lewis hizo a sus amigos en la mili Tolkien los hizo en la facul. Bueno, en realidad casi podríamos decir que en el insti. La pandilla de Tolkien se constituyó en el King Edward's School de Birmingham. La (TCBS) Tea Club and Barrovian Society, que Tolkien y sus amigos fundaron en 1.913, contaba, en su núcleo duro, con el mismo Tolkien, Geoffrey Bache Smith, Robert Gilson y Christopher Wiseman.

Los chavalotes del TCBS de Birmingham. Imagen: Planet-Tolkien.

Cuando la guerra estalla, la familia de Tolkien se queda un poco desconcertada cuando este les revela que no se va a alistar inmediatamente y que va a esperar un año para acabar un curso que tiene pendiente en Oxford. Ahora esta actitud nos parece normal pero, en aquel momento, requería también de un cierto coraje pues suponía un cierto descrédito social. El año pasó, Tolkien hizo sus exámenes, fue a la escuela de oficiales y fue a Francia. Según una estadística que no se sabe de dónde sacó, decía que una docena de oficiales morían en el frente cada minuto. Por falsa que fuera, lo cierto es que a Tolkien no le hacía ni pizca de gracia ir a la guerra a que lo mataran, ahora que tenía 24 años, una esposa y una carrera.

Tolkien se libra de la carnicería insensata del 1 de julio de 1.916 pero la campaña del Somme la hace casi enterita. Llega el 6 de julio y estará metido en el fregado hasta que la enfermedad le haga ser evacuado en octubre. Tolkien estará empleado como oficial de transmisiones y estará en medio de algunos de los combates más espeluznantes alrededor del Reducto de Schwaben y del Saliente Leipzig. De vuelta a Inglaterra tiene la suerte de que no acaba de recuperarse del estado de debilidad que le ha dejado la fiebre de trinchera (bendita sea, mató a muchos pero a otros muchos salvó) y, a pesar de los requerimientos de su batallón, los comités médicos no se atreven a darle el alta. Tolkien se libra y no vuelve a Francia.

¿Qué tal sus amigos del TCBS?

El teniente Robert Gilson llegó a Francia en enero de 1.916. Las cartas que se enviaban a casa solían ser tranquilizadoras, aunque también dependía del destinatario. En cualquier caso, en una de sus cartas afirmaba sin ambages que “apenas puedo soportar el horror de esta guerra”. Robert Gilson salió de las trincheras el histórico 1 de julio de 1.916 en el Somme. Cuentan testigos que salió con un admirable dominio de sí mismo, que tomó el mando sin titubeo cuando el capitán comandante de la compañía fue despachado por los alemanes y cayó, según el cabo Hicks, cuando un obús les alcanzó a él y al sargento mayor de la compañía hacia las nueve de la mañana. No es descartable que muriera muy contento de que nadie se diera cuenta del miedo que tenía.

El teniente Geoffrey Smith escribía poesía antes de la guerra y la continuó escribiendo durante la guerra. Tolkien, al revés que la pandilla de los Owen, Sassoon y compañía, que escribían frenéticamente a pesar de las circunstancias (o precisamente escribían frenéticamente por las circunstancias), era incapaz de escribir en el frente. Tolkien recordaba un encuentro con Smith en el Somme en julio de 1.916, tal vez el único momento de felicidad en toda la campaña del Somme (no, no contamos como felicidad cuando el tiroteo termina y no te han alcanzado), en el que Smith y Tolkien hablaron de literatura, de poesía y del futuro. El 29 de noviembre Smith estaba inspeccionando los trabajos de reparación de una carretera. Las esquirlas de una explosión le hirieron en el muslo y brazo derechos. Smith fue hasta la tienda de primeros auxilios por su propio pie y escribió a su madre diciéndole que había sido herido pero sin importancia. Dos días después había desarrollado gangrena gaseosa. Murió el 3 de diciembre a los 22 años. Su hermano Roger Smith moriría un mes después en Mesopotamia.

Christopher Wiseman, el matemático del grupo, se había alistado en la Royal Navy porque alguien le había dicho que buscaban matemáticos en la Armada y sobrevivió a la batalla de Jutlandia. Wiseman y Tolkien siguieron siendo amigos, de hecho, el segundo hijo de Tolkien fue bautizado como Christopher en su honor. Según las fuentes, parece que la amistad con el tiempo palideció, que es lo que tantas veces ocurre con ella. Wiseman y Tolkien publicaron la poesía de su amigo Geoffrey Smith en 1.918.

¿Tenemos ya material para una película? ¿No? Sigamos.

Jane Moore.

En septiembre de 1.917, C. S. Lewis pasó tres semanas en casa de su amigo Edward Moore. Allí conoció a su madre Jane, viuda. Lewis tenía 18 años. Jane tenía 45 años. Hay tías de 40 años y hay tías de 40 años y parece que Jane Moore era del segundo grupo. Edward era huérfano de padre y Lewis era huérfano de madre. Además, el padre de Lewis era muy exigente tirando a pasota (iba a utilizar otro adjetivo).

Lewis cumplió su promesa y cuidó de Jane Moore hasta el final. Hay que decir que cuando Lewis fue trasladado a Inglaterra para convalecer por sus heridas, fue Jane Moore quien se molestó y cuidó de él. En cuanto a su padre, no estaba y, al final, ni se le esperaba.

En los años 30 Lewis, su hermano Warren, Jane Moore y su hija Maureen compraron una casa a las afueras de Oxford. Jane Moore vivió ahí hasta los años 40 en los que fue hospitalizada. Parece ser que en sus últimos años se fue apagando víctima de la demencia senil. Dicen que Lewis fue todos los días a visitarla, hasta que murió en 1.951.

La cuestión es, ¿hubo tema o no? Unos dicen que no. Lewis siempre hablaba en sus cartas de Jane como de “su madre” e incluso en sociedad la había presentado en alguna ocasión de esta guisa. Así mirado, casi que entraría dentro de la perversión que después hubiera afecto de tipo más horizontal. Pero la cuestión es demasiado morbosa como para dejarlo así. Una biografía de Lewis publicada en los años 90 por A. N. Wilson insistía en el tema de la relación amatoria de Lewis y Jane. Por su parte, George Sayer, que también fue biógrafo de Lewis, escribió:

“¿Fueron amantes? Owen Barfield, que conoció bien a Jack (como llamaban los amigos a C. S. Lewis) durante los años 20, dijo una vez que pensaba que la probabilidad era de “fifty-fifty”. Aunque ella era 26 años mayor que Jack, ella era todavía una mujer atractiva, y verdaderamente él estaba prendado de ella. Pero parece muy fuerte, si eran amantes, que el la llamara “madre”. Sabemos, además, que ellos no compartían el mismo dormitorio. Parece más probable que él estaba vinculado a ella por la promesa que había hecho a Paddy y que su promesa se había reforzado por que la había llegado a querer como a una segunda madre”.

Bah, demasiado poco morboso. George Sayer cambió de opinión en 1.997:

“He tenido que cambiar mi opinión sobre la relación de Lewis con la señora Moore. En el capítulo octavo de este libro escribí que no estaba seguro sobre si eran amantes. Ahora, tras conversaciones con la hija de la señora Moore, Maureen, y pensando en la manera en que los dormitorios en The Kilns estaban dispuestos, estoy bastante seguro de que lo fueron (amantes).”

Ahora que hemos introducido el tema de satisfacer esa fantasía de todo jovencito inexperto de ser iniciado por una sabia madurita de buen ver, ¿tenemos para película? ¿Todavía no? Sigamos.

Joy Davidman.

Ya he comentado que Lewis se había convertido al catolicismo. Eso en una persona normal no tiene que tener mayor importancia, pero cuando se trata de una persona de esas que se pasan el día escribiendo sobre todo (además de fantasías épicas) puede acabar teniendo repercusión más allá de uno mismo. Así, tenemos a Lewis teniendo cierta influencia en los círculos más proselitistas del catolicismo. Hacia 1.950 Lewis comienza a cartearse con una judía norteamericana recientemente convertida al catolicismo pero que tiene la cabeza admirablemente bien amueblada. En 1.952 hace la estadounidense hace un primer viaje a Inglaterra y todo se va juntando. Entre que ella es decididamente anglófila (al menos eso dice), que su marido se la pega con una prima suya y también le pega a la bebida, y que el haber pertenecido al Partido Comunista no es precisamente la mejor tarjeta de visita en aquellos años en los Estados Unidos, decide largarse a Inglaterra con sus dos hijos. Allí cuenta con la colaboración de Lewis, que la apoya incluso financieramente. Pero, ojo, que es sólo amistad. Lewis nunca había encontrado un cerebro dentro de un cuerpo femenino que se complementara tan bien con el suyo. Hay que reconocer que Lewis tenía que tener talento. No todos son capaces de convertir una conversión al catolicismo en una oportunidad para ligar, más cuando ya eres cincuenton. Obviamente, Lewis no lo veía (o no se atrevía a verlo) de esta manera tan frívola.

Joy Davidman. Imagen: Wikipedia.

En 1.956 el ministerio del Interior británico no concedió la renovación de la visa a Joy Davidman. Lewis no quería verse privado de su mejor amiga y ella no quería volver a los Estados Unidos. Así que decidieron concertar un matrimonio de conveniencia para que ella pudiera quedarse en Inglaterra. La ceremonia civil tuvo lugar en Oxford el día de San Jorge de 1.956. Se dieron un par de besos, se tomaron un par de pintas y se fueron cada uno a su casa.

En octubre de 1.956 Joy tropezó en su casa y se rompió la pierna. Seguramente fue al revés, primero se rompió la pierna y después se cayó. Joy tenía cáncer de huesos y de mama. Fue entonces, en el hospital, al saber la gravedad de la enfermedad (una sentencia de muerte, vaya), que Lewis cayó de la parra y se dio cuenta de que estaba enamorado de Joy.

Como ambos eran católicos se pusieron de acuerdo para casarse por la Iglesia. Pero la Iglesia no cooperaba demasiado porque Joy estaba divorciada. Al final consiguieron que un parroco amigo de Lewis los casara en la habitación donde Joy estaba hospitalizada el 21 de marzo de 1.957. La mayoría de los amigos de Lewis no aprobaban este matrimonio, lo cual demuestra que, en realidad, eran unos imbéciles prescindibles. El matrimonio de Lewis y Joy coincidió con una mejoría en la enfermedad de Joy y todavía tuvieron un par de años buenos. Tuvieron luna de miel en Gales y un viajecito a la Irlanda natal de Lewis. Desgraciadamente, una revisión en 1.959 concluyó que el cáncer había vuelto para quedarse. En abril de 1.960 aún viajaron a Grecia para cumplir un sueño de Joy de toda la vida pero quedó exhausta y a la vuelta su estado empeoró dramáticamente. Joy murió en Oxford el 13 de julio de 1.960.

Lewis se reunió con Joy tres años después. Su muerte no le importó, casi que literalmente, a nadie. No porque el mismo día muriera Aldous Huxley, sino porque el mismo día John Fitzgerald Kennedy era asesinado en Dallas.

¿Tenemos tema ahora para una peli?

Os aseguro que sí:

Imagen: cazandoestrellas

¿Lo veis? Os dije que había para una peli

lunes, 7 de marzo de 2011

Louis Strange. Tu mano derecha me sostendrá.

Viene de Louis Strange. Si tomare las alas del alba.

En agosto de 1915, tras un año de servicio ininterrumpido en Francia, Strange es destinado de vuelta a las islas Británicas. Llegado a territorio insular, aprovecha para casarse y recibe el ascenso a Mayor. Uno de sus primeros encargos será la formación del 23º Escuadrón del RFC en Gosport, Hampshire, pero un ataque de apendicitis le obligará a abandonar el mando de esta unidad. Tras recuperarse recibirá el encargo de organizar la creación de la Escuela de tiro aéreo número 1 en Kent. Después será ascendido a teniente coronel y creará otro centro de adiestramiento en tiro aéreo en Turnberry. En abril de 1917 es destinado a la Escuela Central de Vuelo y se dedica a probar los aviones que salen de fábrica.

En junio de 1918 vuelve a Francia comandando la 80ª Ala Aérea de la recién creada RAF. Los escuadrones bajo su mando destruyen, entre el 1 de julio y el 11 de noviembre, un total de 449 aviones y 23 globos aerostáticos alemanes. A nivel personal Strange también la lía. El 30 de octubre de 1918 acompaña con su avión una incursión aérea. Observa desde lo alto el bombardeo de los aparatos a sus órdenes y, cuando estos terminan, Strange descarga su equipaje de bombas sobre unos hangares alemanes que habían quedado intactos tras la pasada anterior. Por si era poco se puso a ametrallar a tropas y unidades de transportes que pululaban por los alrededores. Cuando levanta el morro y se dispone a alejarse ve a un grupo de ocho Fokkers por encima de su cabeza. Se lanza sobre ellos y consigue derribar uno. Los otros siete se enzarzan con él pero Strange consigue mantenerse vivo hasta que los aviones de la RAF vienen a rescatarle en plan 7º de caballería. Por esta liberación de adrenalina Strange obtendría la Orden de Servicios Distinguidos.

Pizarra que lleva el recuento de las victorias del Ala 80 de la RAF. Imagen: Wikipedia.

La guerra termina no sin antes llevarse por delante a un hermano de Strange, Gilbert, que también era piloto. Strange continúa durante un tiempo en la RAF pero, renqueante de salud, consigue finalmente la baja y una pequeña pensión y se irá a vivir de la tierra durante un tiempo. A finales de los años 20 la vida bucólica de la Inglaterra rural le ha devuelto la energía y las ganas de juerga. Strange se encuentra en disposición de ser fichado en 1929 por la empresa fabricante de aviones Spartan y en los años 30 participará en competiciones aéreas volando estos aviones, confraternizando en estas actividades con sus antiguos adversarios. Cuando la empresa Spartan desaparezca en 1935 Strange continuará en estos entretenimientos con otras compañías. Y entonces llegará la invasión de Polonia.

El señor Strange está más cerca de los 50 que de los 40 así que es desestimado para pilotar aviones en primera línea. Sin embargo, es admitido por la RAF para formar parte del 24º Escuadrón, una unidad de transporte y comunicaciones. En principio, el 24º Escuadrón debía de cuidarse del correo y mensajería con Inglaterra pero el fulgurante avance alemán obliga al 24º a emplearse en tareas de evacuación.

El 21 de mayo de 1940 fue uno de esos días agitadillos en la vida de Strange. Despegó de Hendon en un Douglas DC-3 pero en Croydon lo tuvo que cambiar por un De Havilland Dragon al fallar uno de sus motores. Con este avión llegó al aeródromo de la RAF en Merville, con la misión de salvar todo aquello que fuera salvable. No era mucho. Cogiendo recambios de aquí y allá se consiguieron arreglar dos Hurricanes que fueron devueltos a Inglaterra por dos pilotos que habían sido derribados con anterioridad y no tenían avión. Sólo quedaba otro avión en condiciones de volar y un piloto a mano: Strange. Así que tuvo que subirse en un Hurricane al que le faltaba gran parte del instrumental de control y que iba desarmado. Fantástico, además era la primera vez que se subía a este tipo de avión.

Al poco de despegar fue cordialmente saludado por fuego antiaéreo que le obligó a subir a una altura de 8.000 pies. A esa altura fue atacado por un grupo de Messerschmitts que se había propuesto terminar con sus aventuras. Strange hubo de picar con su avión y bajar a ras de suelo. La persecución continuó hasta llegar a la altura de la costa, donde la artillería antiaérea de la Royal Navy puso en fuga a los Messerschmitts que todavía le acosaban. Por esta nueva descarga de adrenalina y haber salido vivo de esta también, Strange ganó una barra para su Orden de Servicios Distinguidos.

El resto de la guerra se lo pasó creando y organizando los métodos de aprendizaje de los futuros paracaidistas británicos. Trabajó después adaptando los barcos mercantes para que pudieran llevar un Hurricat que se enfrentara a los Focke-Wulf Condors y, finalmente, pasó a Francia en junio de 1944 con distintas responsabilidades. Poca cosa.

Murió plácidamente en su cama a los 75 años. Dicen que para su epitafio escogió dos versos del salmo 139:
"Si tomare las alas del alba
tu mano derecha me sostendrá".

Para escribir estos dos posts sobre la vida de Louis Strange he utilizado esta página que es, si os fijáis, la fuente principal de la edición en inglés de la Wikipedia. La versión del vuelo del 10 de mayo de 1915 en la imprescindible web the aerodrome es muy reveladora. Sin embargo, para la narración de ese suceso he preferido seguir el relato de Alan Clark en su libro Aces High. El epitafio lo encontré aquí.
Para quien quiera aún más el propio Strange publicó sus memorias bajo el título de Recollections of an airman. Como esta narración fue publicada en el período de entreguerras más completo tiene que resultar Flying Rebel: the story of Louis Strange, de Peter Hearn.

martes, 1 de marzo de 2011

Louis Strange. Si tomara las alas del alba.

Louis Strange (1891-1966) era uno de esos jóvenes de principios del siglo XX extasiados ante la oportunidad de volar y que no pensaba desperdiciar la más mínima oportunidad que se le presentara. Nacido en una familia de granjeros de Dorset decidió, la primera vez que vio volar un avión, que él también lo haría. Y un año después, para agosto de 1913, Strange había obtenido su licencia de vuelo. A continuación presentó su solicitud de ingreso en el Royal Flying Corps y comenzó a participar en competiciones aéreas obteniendo brillantes resultados. De hecho, en abril de 1914 apareció en la portada de la revista Flight, cuando se incorporó al selecto club de pilotos capaces de realizar un loop con su avión.

En agosto de 1914 se desatan las hostilidades en Europa y a mediados de agosto todos los aviones que el RFC tiene en condiciones de volar cruzan el canal de la Mancha en una travesía que suponía, por el número de aviones implicados, un hito en sí misma. El último de los pilotos en incorporarse a su escuadrón es nuestro amigo Strange. Comienza para él una época de frenética actividad.

En su primera semana en Francia ya se las ingenió para armar un dispositivo que permitía al observador de su Farman disparar con una ametralladora Lewis. El 22 de agosto se observó a seis aparatos alemanes sobrevolando la base aérea de Maubage a una altura de 5.000 pies y Strange vio la oportunidad de probar el dispositivo. Con toda la prisa que pudieron Strange y su compañero, el teniente L. Penn-Gaskell, quien haría las veces de ametrallador, se subieron al Farman y despegaron. Sin embargo, no llegó a producirse ningún combate porque el avión británico no fue capaz de superar los 3.500 pies de altitud.

La semana siguiente fue movidita. Al ejército británico le tocaba replegarse y Strange y sus compañeros tuvieron que cambiar varias veces de base. Entre cambio y cambio, continuaban con sus misiones de reconocimiento y practicaban la caída libre de bombas sobre las líneas alemanas. Estas operaciones rudimentarias de bombardeo no debían de dejar muy satisfecho a Strange, así que diseñó y fabricó él mismo unas bombas de gasolina que arrojó sobre un convoy alemán en St. Quentin el 28 de agosto, acción que le dejó bastante contento.

En octubre desarrolla un sistema de correas que permite al observador de un Avro 504 incorporarse con seguridad y disparar con su ametralladora por encima del avión y hacia atrás. Mejorará aún más el sistema mediante la colocación de una barra que permitía al observador disparar sentado hacia atrás por encima de la cabeza del piloto. Fue con este sistema que Strange reclamó la victoria sobre un Aviatik alemán el 22 de noviembre de 1914.

A principios de 1915 es ascendido a Capitán y es destinado al sexto escuadrón del RFC. Por esta época prepara un BE-2c para que pueda llevar cuatro bombas de 20 libras montadas en las alas. Con este invento Strange bombardeó en marzo de 1915 la estación de ferrocarriles de Courtrai provocando 75 bajas en los alemanes y el cierre de la instalación por tres días. Strange fue condecorado por esta acción con la Cruz Militar.

En el sexto escuadrón coincide con el legendario Lanoe Hawker, quien además de abatir a varios aviones alemanes desarrolló varias mejoras para los aviones del RFC. Ambos se hicieron íntimos amigos y Hawker fue el padrino en la boda de Strange. En combate también habían sido íntimos. Strange hizo de señuelo para alguna de las victorias de Hawker.

louis strange

Louis Strange. Imagen: stedwards.oxon.sch.uk.

Uno de los aspectos en que más trabajaron ambos ingenios fue en las posibilidades de montar las ametralladoras en los aviones. En una de estas pruebas Strange montó una ametralladora Lewis sobre el ala superior de un Martynside S1, uno de los primeros monoplazas recibidos por el sexto escuadrón. El 10 de mayo de 1915 Strange despegó con el Martynside en dirección Este consciente de que pilotaba un avión inestable y complicado pero encantado de tener su ametralladora montada sobre el ala superior y que le permitiría disparar utilizando el mismo avión para apuntar. Se había internado bastante en territorio alemán cuando vio a un Aviatik volando por encima de él hacia el Norte. Strange se quiso acercar pero al Martynside le costaba subir. Cuando el observador del Aviatik se dio cuenta de la presencia del monoplaza de Strange también empezó a subir y el Martynside estaba alcanzado su límite de altitud. Strange movió el mando de su avión hacia atrás levantando así el morro y, de esta manera, disparó una larga ráfaga con la ametralladora hasta que agotó el cargador. Ni un impacto: el Aviatik se escapaba como si nada.
En ese momento Strange se empezó a preocupar. Se había internado profundamente en cielo alemán y estaba con el cargador vacío. Puso el avión en dirección a las líneas británicas y trató de abrir el cierre del cargador para cambiarlo. Sin embargo, el cargador estaba atascado y, con la presión del aire añadida, a Strange le costaba manipularlo con sus guantes de vuelo. Strange acabó quitándose los guantes y se incorporó del asiento aguantando el mando del avión con las piernas y tirando del cargador con ambas manos. Entonces sucedió lo menos deseable.
El avión hizo un extraño. El extraño hizo perder el equilibrio a Strange quien, en esa pérdida, hizo un movimiento brusco al mando del avión con el dramático resultado de que el avión se invirtió. Tenemos, pues, a Strange colgado en el aire de un avión a unos 9.000 pies de altura en posición invertida y agarrado únicamente al cargador de su ametralladora, cargador que en cualquier momento podría soltarse y que, por otra parte, era por lo que había estado perseverando durante bastante rato. Con las fuerzas que da la desesperación y animado por la adrenalina que corría a chorro por todo su cuerpo Strange comenzó a patalear hasta que, tras varios intentos, consiguió introducir las piernas nuevamente en la carlinga. Entre la falta de control del aparato y los meneos que Strange le había metido para introducirse de nuevo en el habitáculo del piloto el avión había entrado en barrena. En aquel estadio del pilotaje, 12 años desde el vuelo inaugural de los hermanos Wright, una entrada en barrena era estar virtualmente muerto. Además, Strange tuvo que dedicarse a sacar restos rotos de la carlinga del avión que él mismo había provocado con sus pataditas y que no le dejaban manejar los mandos y recobrar el control del aparato. Hubo, desde luego, sangre fría y mucha pericia pero fue, al fin y un cabo, un milagro que Strange consiguiera finalmente recobrar el dominio del avión y regresar a su aeródromo.


Este es, según la web earlyearoplanes.com, el avioncito que le dio el disgusto a Strange. El Martynside S-1 era un avión muy inestable y no tenía ninguna de las virtudes requeridas en un avión de combate. Al final sólo se repartieron unos sesenta a las escuadrillas del RFC. La imagen la vi a través de La aldea irreductible, blog que ya se había hecho eco en castellano de la aventura de Strange.

Cuando llegó no estaba de muy buen humor y, sin decir nada, se fue hacia su cama donde se quedó dormido como un tronco durante doce horas seguidas. El hecho es que su historia llegó a oídos de sus compañeros a través de los alemanes que no encontraban, pese a su búsqueda, los restos del avión que, obviamente, se tenía que haber estrellado. Parece ser que los alemanes arrojaron una corona de flores con una nota explicando la historia -hasta que el avión se invierte y Strange sale despedido del habitáculo del piloto- sobre su base. Tal vez fuera porque todavía no conocía la historia que el superior de Strange -que debía de ser el Mayor Gordon Shepherd- le pegara la bronca por haber provocado "daños innecesarios" en el interior del avión.



Continúa en Louis Strange. Tu mano derecha me sostendrá.

martes, 1 de febrero de 2011

El hombre que pudo matar a Adolf Hitler.

En 1938 Neville Chamberlain, primer ministro de Gran Bretaña, se entrevista con Adolf Hitler con el objetivo de salvar la paz para su tiempo. Hitler invita a Chamberlain a su recién estrenada residencia de Berchtesgaden, un magnífico complejo en los Alpes bávaros que había sido un regalo de Martin Bormann y otros jerarcas nazis.

En estas reuniones no todo son arduas negociaciones. Precisamente para que tales discusiones no sean tan complejas y se puedan simplificar al nivel de un cambio de cromos, se van produciendo momentos de distensión en los que los personajes protagonistas se relacionan y acaban compadreando. En uno de estos momentos de colegueo Hitler enseñó un cuadro a Chamberlain. Se trataba de una obra del italiano Fortunino Matania que representaba a soldados británicos en la Primera Batalla de Ypres. En primer plano aparece un soldado que acarrea a su espalda a un camarada herido. Hitler lo señala y explica convencido: "Este hombre estuvo tan cerca de matarme que pensé que no volvería a ver Alemania otra vez".

cuadro tandey por matania

Green Howards en el cruce de Menin en 1914, obra de Fortunino Matania. En primer término, Henry Tandey, VC, MM, DCM. Imagen: Victoria Cross.

Chamberlain lo mira sorprendido por la revelación. Se da la circunstancia, además, que el soldado en primer plano señalado por Hitler no es un cualquiera imposible de identificar sino que es sabido que se trata de Henry Tandey, el soldado raso británico más condecorado durante la I Guerra Mundial.

De vuelta a Gran Bretaña, Chamberlain hace una llamada al domicilio familiar de Henry Tandey donde le hace partícipe de la anécdota y del agradecimiento del Führer por no haberle disparado.

Dos años más tarde la guerra es una realidad y esta historia se hace conocida para la opinión pública británica. En una entrevista en la prensa Henry Tandey explica la circunstancia, la cual había aparcado en su memoria durante largo tiempo: "Apunté pero no podía disparar a un hombre herido, así que le dejé ir". Veinte años después Tandey se arrepiente de su misericordia y lamenta no haber disparado. Su deseo es reingresar en el ejército para "que no se escape por segunda vez".

Hasta aquí la historia del hombre que pudo matar a Adolf Hitler. Intentemos desentrañar ahora las circunstancias que lo rodearon y su verosimilitud.


Parece ser que Hitler habría visto en algún periódico alguna reproducción de la obra de Matania. Desde el primer momento se habría quedado con la cara que representaba a Tandey transportando a un herido a su espalda. Desconocemos en qué contexto tuvo lugar este conocimiento de la pintura. Sería interesante saber qué ponía el pie de foto. Tal vez sólo ponía que el hombre en primer término había recibido la Cruz Victoria en Marcoing en 1918. No sólo sería información suficiente para Hitler, sino que confirmaría su visión de sí mismo como hombre predestinado: el hombre que le pudo matar y no lo hizo no era un inglés vulgar, era todo un héroe.

Porque uno de los elementos que hacen más confusa toda esta historia es que el dichoso cuadro representa, en realidad, una escena tomada en 1914. El cuadro suele ser nombrado como Green Howards en el cruce de Menin en 1914. No debería haber problema. Si Hitler estaba seguro de la cara y esa era la única imagen a la que había podido acudir tampoco hay mucho más que hablar. Pero es que resulta que Hitler y Tandey podrían haber coincidido temporalmente durante la Primera Batalla de Ypres y a partir de ahí se ha elucubrado, y enredado, con la posibilidad de que hubieran coincidido también espacialmente y Hitler, sencillamente, hubiera confundido las fechas.
Como Tandey también dijo recordar el hecho y lo hacía refiriéndose a los combates en Marcoing de 1918, que ambos hubieran coincidido en 1914 es bastante irrelevante porque ambos tendrían que estar confundiéndose de fecha.

En cualquier caso, una vez que Hitler hubo llegado al poder en Alemania se hicieron gestiones para adquirir el cuadro, o al menos, una copia. Y parece ser que la copia que Hitler tenía colgada en su mansión en Berchtesgaden se la habían enviado desde el mismo Regimiento de los Green Howards en 1937. Chamberlain tenía que estar sorprendido al verlo. Un nacionalista alemán como Hitler escogía siempre para este tipo de representaciones estampas en las que aparecía heroicamente representado el soldado alemán, no el enemigo.

Es seguro que Hitler estaba completamente convencido de la anécdota. En la nota de agradecimiento que el capitán Weidmann, ayudante de Hitler, envía al Green Howards explica que el Führer es razonablemente aficionado a coleccionar cosas relativas a su propia vida. Lo interesante es que Tandey también estaba convencido de que tal suceso había tenido lugar. De una parte, resultaría sorprendente que una persona honrada por sus gestas militares quisiera pasar a la historia como el hombre que no evitó, con un sencillo disparo, los horrores de la II Guerra Mundial. Recordemos que Tandey estaba en Coventry durante el famoso bombardeo que arrasó la ciudad y que pasó una buena porción de tiempo en Londres durante el blitz. Tras haber pasado unas cuantas noches bajo las bombas de la Luftwaffe y ver sus efectos en la población civil, resulta improbable que nadie pretenda adquirir celebridad por ser el hombre que pudiendo evitar esos males no lo hizo. De otra parte, las búsquedas por internet sobre este caso particular suelen hacernos encontrar internautas que dicen ser familia de Tandey y que siempre defienden como una verdad universalmente admitida por los Tandey que tal hecho sucedió.

Como la experiencia nos dice que determinadas experiencias nos pueden dejar una huella indeleble en la memoria pero que esta, al mismo tiempo, puede ser tremendamente traidora, parece razonable intentar acudir a fuentes documentales, si es posible, y no fiarnos únicamente de la memoria de sus protagonistas por muy convencidos que estén de los hechos. Desgraciadamente, no es posible corroborar los aspectos que envuelven esta trama debido a que los bombardeos aliados sobre Berlín durante la II Guerra Mundial destruyeron gran cantidad de sus archivos militares.

Al menos así se dijo durante bastante tiempo y así se hacen eco en algunas de las entradas más populares en internet para este caso, como se puede ver aquí y aquí -entradas que, por otra parte, he seguido para escribir este post-. Sin embargo, un escrito de Paul Delplanque en la web gazettelive.co.uk daría por cerrada cualquier controversia al respecto. De dar credibilidad a Delplanque resultaría entonces que sí que había archivos que pudieran corroborar o no tal historia.

Según Delplanque Hitler y Tandey no habrían coincidido en la carretera de Menin en 1914 porque la unidad de Tandey fue evacuada de la zona dos días antes que llegara Hitler. Ahora bien, la fecha que es verdaderamente relevante es la del 28 de septiembre de 1918 en Marcoing, donde ambos decían haber tenido el encuentro. Y los archivos militares alemanes dicen, explica Delplanque, que Hitler estuvo de permiso del 10 al 27 de septiembre por lo que Hitler estaría en tránsito hacia el frente aquel día, no en él todavía.

Por lo tanto y si damos credibilidad a esta información, Tandey puede descansar en paz en su tumba. No fue su responsabilidad si la II Guerra Mundial tuvo lugar al final y los remordimientos que en vida pudiera tener por ello fueron infundados.

tandey mayor

Henry Tandey exhibe orgullosamente sus medallas en 1973. Imagen:gazettelive.co.uk.


Aunque, como última elucubración, podríamos conjeturar que Tandey no se creyó nunca tal historia y que entró en el juego cómo una aportación propagandística más al esfuerzo de guerra. ¿Qué significación tendría tal historia en el imaginario del pueblo británico en guerra? Pues tal vez un contundente mensaje subliminal: cada alemán que dejes vivo puede ser otro Hitler dentro de veinte años.

miércoles, 26 de enero de 2011

Henry Tandey.

Henry Tandey (1891-1977) fue el soldado de tropa más condecorado del Ejército británico durante la I Guerra Mundial.
Tandey se alistó en 1910 en el Regimiento Green Howards y estuvo destinado en Guernsey y Sudáfrica hasta el comienzo de la guerra. Llegó con su unidad a tiempo para participar en la Primera Batalla de Ypres (1914). Fue herido durante la Batalla del Somme (1916) y después fue herido en una segunda ocasión en la Batalla de Passchendaele (1917). En julio de 1918 fue transferido al Regimiento Duque de Wellington.

barro en passchendaele

Passchendaele. Imagen: the canadian encyclopedia.



El 28 de agosto de 1918 su unidad estaba siendo inmovilizada por el fuego de los alemanes. Tandey se incorporó y junto a otros dos hombres atravesó la tierra de nadie y lanzó varias granadas sobre la trinchera alemana matando a varios soldados germanos de esta manera. La oposición alemana cesó, la trinchera fue capturada y Tandey regresó con unos veinte prisioneros alemanes. Por esta acción fue condecorado con la Medalla de Conducta Distinguida.

El 11 de septiembre de 1918 Tandey rescató a varios compañeros heridos y al día siguiente, 12 de septiembre, volvió a liderar un ataque con granadas que fue un nuevo éxito. Por esta acción sería condecorado con la prestigiosa Medalla Militar.

El 28 de septiembre de 1918 se encontraba luchando en los alrededores de Marcoing cuando su pelotón fue detenido por fuego de ametralladoras alemanas. Tandey se arrastró hasta que consiguió localizar la ametralladora enemiga y guió a un equipo que manejaba una Lewis para que acabaran con los teutones. Después consiguió reparar un puente que atravesaba el canal de St.Quentin permitiendo pasar a sus compañeros. Al anochecer, él y ocho de sus compañeros fueron rodeados por los alemanes. Tandey, quien se encontraba ya herido, lideró a sus camaradas en un ataque a la bayoneta calada que sorprendió a los alemanes e hizo que se rindieran 37 de ellos. Por estas acciones fue más tarde condecorado con la Cruz Victoria, la más alta distinción posible en el Ejército británico. Aquel día también tuvo en su punto de mira a un soldado alemán que retrocedía herido. Le dio pena. Según su propio testimonio tenía como regla autoimpuesta no disparar sobre enemigos heridos o prisioneros. No disparó y olvidó el lance durante muchos años.

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Henry Tandey luciendo, de izquierda a derecha: la Cruz Victoria, Medalla de Conducta Distinguida, Medalla Militar, Estrella de 1914, Medalla Británica de Guerra y Medalla de la Victoria. Imagen: Wikipedia.

En 1938 recibiría una llamada telefónica en su domicilio procedente del entonces primer ministro británico Neville Chamberlain.

En 1940 adquiriría cierta celebridad ante la opinión pública británica por acontecimientos que habían sucedido hacía más de veinte años. También manifestó su interés en alistarse para acabar un trabajo que no había completado durante la Gran Guerra.